miércoles, 25 de abril de 2018

Ponencia: Una "fundamentación" bíblica de María como auxiliadora de la fe de los discípulos: un comentario a Jn 2, 1-12


P. Juan José Bartolomé SDB
Juan José Bartolomé (Madrid, 1944) es licenciado en Teología (Universidad Pontificia de Salamanca, 1972) y doctor en Sagrada Escritura (PIB, 1985). Ha trabajado como formador y profesor de NT en varios institutos teológicos durante treinta años. Tiene publicados diversos libros y artículos. Desde 2012 preside la Asociación Bíblica Salesiana.


Una "fundamentación" bíblica de María como auxiliadora de la fe de los discípulos: un comentario a Jn 2, 1-12
El cuarto evangelio nos ofrece una versión del nacimiento del discipulado de Jesús muy diferente del que ofrecen los sinópticos, en especial Marcos. En el cuarto evangelio el discipulado no nace inmediatamente de una orden terminante de Jesús (Mc 1,17; Mt 4,19; cf. Lc 5,10), sino, lentamente, después de una semana de convivencia. Los que, en Betania, oyeron por vez primera hablar de Jesús y lo siguieron para llegar a «ver cosas mayores» (Jn 1,50), lograron creer en él tras participar en una fiesta en Caná de Galilea; allí, donde «estaba la madre de Jesús» (Jn 2,1) pudieron contemplar «la gloria» de su hijo (Jn 2,11).

En Caná los discípulos se hicieron creyentes, participando en un banquete nupcial. No hicieron grandes cosas, salvo quizá beber vino, pues apenas llegados (Jn2,2), empezó a faltar (Jn 2,3). El cronista los menciona sólo al inicio (Jn 2,2) y al final (Jn 2,11-12). La fe del discípulo no es mérito suyo, sino oportunidad que tiene quien se mantiene en el seguimiento de Jesús, pues lo llevará donde esté «la madre» (Jn 2,1). ¿Será posible creer en Jesús y ver su gloria, sin ir con él a donde esté María? ¿Cómo dar con el lugar donde está la madre de Jesús, si no me dejo llevar por él?

Sin la madre de Jesús las bodas de Caná habrían sido un fracaso. La alegría de los invitados, interrumpida; el honor de los nuevos esposos, comprometido; la hora de Jesús, no habría llegado; la fe de los discípulos, imposibilitada. La madre de Jesús sigue siéndonos necesaria para creer en él…, a quienes el seguimiento no nos hace aún del todo creyentes. Pero para encontrarse con María y que la alegría, la fe y la vida de familia estén aseguradas, es necesario seguir a Jesús y que él nos lleve a donde quiera.

No fue María quien llevó a Jesús a sus seguidores, sino el hijo quien los condujo hasta la madre. Y la actuación de María, sin ser la causa del cambio de agua en vino, sirvió de ‘auxilio’ para que ellos llegaran a ver la gloria y creer en su hijo. Con su atinado saber de madre María se convirtió en auxiliadora de la fe de los seguidores de su hijo.    




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